Hoy, 8 de marzo, es el Día Internacional de las Mujeres, una fecha que rememora todos los esfuerzos que las mujeres han realizado a lo largo de la historia para reivindicar la igualdad de derechos y oportunidades en todos los ámbitos de la sociedad.

 

 

Si bien es cierto que hemos avanzado, queda un largo camino por hacer. La igualdad real no existe en muchos ámbitos. Aún no utilizamos un lenguaje neutral de forma natural y siguen persistiendo muchos micromachismos. A pesar de que a menudo se intenta que no sean visibles, todavía existen muchas dificultades en el mundo laboral…

 

 

  Foto: Moderna de Pueblo

 

Hoy, Día Internacional de las Mujeres, podríamos hablar de muchas cosas, pero queremos dedicar este post a algunas de las barreras que las mujeres se encuentran en el mundo laboral, corroboradas por los datos que a nivel estadístico se recogen año tras año.

 

 

No haremos una exposición de todos los conceptos, pero pienso que es interesante que conozcamos algunos de los más populares y entendamos los motivos por los cuales se dan.

 

TERMINOLOGÍA:

 

  • Segregación vertical y techo de cristal: obstáculos que las mujeres encuentran para ascender en las empresas y ocupar puestos de responsabilidad y dirección. No son leyes escritas ni visibles que impidan a las mujeres ocupar estas posiciones, sino que se trata de un trasfondo en el cual se esconden muchas actitudes y creencias asociadas a lo que se consideran funciones diferenciadas del rol femenino y masculino.

 

 

  • Segregación horizontal: dificultades de las mujeres para acceder a sectores laborales “hipermasculinizados”. En algunas ocasiones, también encontramos este fenómeno en hombres que quieren acceder a profesiones tradicionalmente “feminizadas”. Claros ejemplos los encontramos en actividades como: personal de limpieza (mayoritariamente son trabajos ocupados por mujeres) o construcción (puestos ocupados mayoritariamente por hombres). En este caso, todavía encontramos muchas creencias asociadas a que algunas profesiones pueden ser desarrolladas mejor por hombres o por mujeres dependiendo de las funciones que se lleven a cabo.

 

 

  • Discriminación directa/indirecta: hoy en día las leyes no permiten que en las empresas se puedan producir casos de discriminación directa. No obstante, hay otro tipo de discriminación que no es tan visible y a la que hay que prestar mucha atención: la indirecta. Esta se da cuando una persona sufre una situación de desventaja por la aplicación de una práctica, un criterio o un tratamiento aparentemente neutro.

 

Soy consciente de que estos conceptos necesitarían una explicación más profunda, pero todos tienen un elemento en común: la creencia errónea de que hombres y mujeres tienen que desarrollar diferentes funciones, las cuales les han estado asignadas históricamente por el simple hecho de ser hombres o mujeres. A pesar de que esto es un error, a día de hoy se sigue responsabilizando en mayor medida a las mujeres de la atención y cuidado familiar. Así, una organización de tiempo de trabajo que implique horarios excesivos y difíciles de compatibilizar con la vida familiar dificultará su carrera profesional.

 

En consecuencia, actualmente muchas muchas mujeres renuncian (o ni tan solo se les ofrecen) a promociones laborales porque se encuentran con verdaderas dificultades para conciliar su realidad familiar con la laboral.

 

 

En definitiva, nos encontramos ante la necesidad de seguir trabajando para conseguir eliminar estas diferencias en las cargas sociales, laborales y familiares vinculadas al género para acercarnos a una sociedad más igualitaria para las mujeres y los hombres.

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