La disociación puede parecer desconcertante, pero es una experiencia más común de lo que crees. ¿Alguna vez has conducido a casa y al llegar te has dado cuenta de que no recuerdas parte del viaje? ¿O has estado tan absorto en un libro o película que el mundo a tu alrededor parece desvanecerse? Si es así, has experimentado una forma leve de disociación. Este fenómeno psicológico es fascinante, pero ¿qué sucede cuando va más allá de un simple desvío mental? Sumérgete con nosotras en el mundo de la disociación: qué es, su normalidad y por qué es crucial anclarnos en el presente.

¿Que es la disociación?

La disociación es un mecanismo de defensa mental que nos desconecta de nuestras experiencias, emociones, memoria o sentido de identidad. Es como si la mente pulsara el botón de «pausa» para protegernos de momentos de estrés o trauma.

¿Es normal experimentar disociación?

Hasta cierto punto, sí. La disociación leve, como soñar despierto, es común y generalmente inofensiva. Es la forma en que nuestro cerebro se toma un descanso y pone el piloto automático. Sin embargo, cuando la disociación es intensa o crónica, puede ser señal de algo más profundo.

¿Cuándo debería preocuparme?

Si la disociación interfiere con tu vida diaria, tus relaciones, trabajo o estudios, es momento de prestar atención. Signos de alerta incluyen lapsos de memoria significativos, sentirse desconectado de uno mismo o del entorno, y dificultades para manejar emociones o situaciones estresantes.

Vivir en el presente es más que un cliché de autoayuda; es una práctica fundamental para nuestra salud mental y emocional. Cuando estamos verdaderamente presentes, nos liberamos de las cadenas del pasado y de las ansiedades del futuro, permitiéndonos experimentar la vida tal como es. Esta práctica de anclaje nos equipa para enfrentar los desafíos diarios, reduciendo significativamente nuestra tendencia a disociarnos como mecanismo de escape.

La reconexión con el aquí y ahora nos permite disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, aquellos momentos que a menudo pasan desapercibidos cuando estamos perdidos en pensamientos disociativos. Es el aroma de un café recién hecho, la sensación del sol en la piel, el sonido de la risa de un amigo; momentos efímeros pero profundamente enriquecedores que constituyen la esencia de la vida. Y es, fundamentalmente, ser, ser nuestro propio cuerpo y centrar nuestra atención en lo que hacemos en cada momento y no en lo que pensamos.

La práctica de vivir en el presente, fortalecida por la atención plena y la meditación, es un poderoso antídoto contra la disociación. Nos ayuda a reconstruir nuestra conexión con el mundo que nos rodea, con los demás y, lo más importante, con nosotros mismos.

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